Menu Abrir Cerrar
Menu Abrir Cerrar

Lo que nadie te dice de reinventarte cerca del 5to piso

“Reinventarse” suena a esas ideas que a fuerza quieren ser inspiradoras. Como “Conócete a ti mismo” o “Sé tu mejor versión”. Pero cuando estás cerca de llegar a los 50 años, reinventarse no siempre se siente heroico. A veces se siente más como armar un mueble con el instructivo en chino, las piezas de barro de Metepec y con la presión de que no se note que estás improvisando.

Lo que nadie te dice es que reinventarte implica desaprender un montón de cosas, abandonar la “zona de confort”, soltar el lastre, las mañas y las certezas. Y eso puede sonar liberador, pero la verdad es que asusta. Porque, ¿qué queda de uno sin eso?

La idea de cambiar el rumbo produce vértigo. Pensar en empezar de cero hace que duela la panza, y verse las canas en el espejo o comprar enzimas digestivas en el súper no ayuda mucho. Pero hay circunstancias que no te dejan opción. Y es ahí, justo antes de dar el salto, que uno voltea para atrás.

Reconciliar

No soy nativo digital, pero tampoco me quedé esperando a que me imprimieran los correos. He vivido lo suficiente como para conocer el sonido del módem, los CDs de instalación, escuchar música en casetes y usar Corel o Photoshop CS6 en mis primeros trabajos.

Después de años en proyectos, medios, revistas, rediseños, entrevistas, videos y portadas, uno entiende que, aunque haya nuevas herramientas y términos —aunque ahora todo sea agile, UX, “contenido de valor” o storytelling, y aunque digan que la IA nos va a quitar el trabajo—, lo que más me ha costado no es ponerme al día, sino confiar en lo que ya traigo en las manos.

Porque reinventarse tampoco es despertarte un día y decir “hoy voy a cambiar”. Es también reconciliarte con lo que eres ahora mismo, con lo que hiciste… y sobre todo, con lo que no. Y esa doble misión, con el pasado y con el futuro —casi como en una película de Nolan—, es una friega.

Reescribirse para tomar el control del relato

Dicen que “uno es más la vida que cuenta que la que vive”, así que en lo sucesivo haré de este pinche blog un repositorio de ideas y experiencias. Una especie de bitácora desde esta isla laboral donde a veces uno se queda varado. No es un resort, pero tampoco es un naufragio. Es el lugar desde donde sigo contando. Al menos, mientras duren las pilas.

P.D. Hoy ya no me importa tanto si se nota que improviso. Lo que importa es que el mueble no se cae. Y que todavía me dan ganas de construirlo.

Leave your comment